Netflix nos ofrece desde diciembre de 2019 uno de esos juguetitos especiales que hace de vez en cuando. Un proyecto que maneja una millonada, y que tras las cámaras tiene a uno de los pirotécnicos más famosos del mundillo del cine: Michael Bay, autor de hoy ya clásicos como La Roca, Armaggedon o Pearl Harbor, además de la saga de Transformers. La película es 6 en la sombra, con un cabeza de cartel lo suficientemente atractivo para el gran público: Ryan Reynolds.

Con el carisma de Reynolds y una dosis de acción al más puro estilo A todo gas, nos topamos con una secuencia inicial por la preciosa Florencia de quitar el hipo, que mezcla perfectamente acción a raudales, con mucho humor y cierto cariño por lo gore que será la marca personal de la producción. Esos primeros minutos mantienen al espectador en el asiento, puro espectáculo, y mucho mimo por rodar una escena que dentro del cine de acción debería ser considerada desde ya top del género.

Hasta ahí las mayores virtudes del juguete, con un actor al que le dan un papel que bebe mucho de Deadpool y, por lo tanto, sabe a lo que va, con paso seguro. Sin embargo, una vez realizada la necesaria intro para presentarnos a los personajes en su globalidad, llega el mejunje, esa mezcla que nos hace viajar lentamente al objetivo del film y que olvida por completo la adrenalínica puesta en escena italiana.

6 en la sombra

El montaje cumple su función pero acaba despistando en más de un momento al espectador innecesariamente, al mismo tiempo que eterniza la parte central o nudo de la trama. Para cuando la película consigue ponerse seria, nos lanza un clímax final bastante acertado y entretenido, pero que se queda muy muy lejos, a pesar de sus trucos, del mencionado pletórico arranque.

Michael Bay vuelve a mostrar de este modo sus grandes irregularidades como autor. Sabe como buscar el espectáculo y, cuando se pone a destrozarlo todo, es posiblemente el mejor director capacitado para el cine más palomitero. Ahí cumple con creces en ese virtuosísimo inicio y ese buen final. Sin embargo, cuando le toca tirar de guión, montaje y dar continuidad a una trama, las lagunas se hacen océanos y el espectáculo decae.

No obstante, la buena mano de Bay para mantener al espectador atento y la dosis de humor gracias a algunos actores que cumplen con su cometido, hacen que la película acabe satisfaciendo al espectador que busca un entretenimiento barato y ligero. 6 en la sombra no será recordada por nadie en un futuro, pero no es, ni mucho menos, una mala película, y a pesar de pretender poder ser un inicio de saga que veremos si lleva alguna parte -lo dudo-, sabe en qué liga juega, qué nivel tiene, y no procura salirse de ahí. Eso sí, ojalá Bay hubiera atinado con dar continuidad a tan fascinante inicio, hubiera conseguido una de sus obras más cojonudas.