Desempolvemos nuestros tesselae y enfundémonos nuestras togas para acercarnos al, con permiso de Die Macher, mejor juego de simulación política que una mente humana haya nunca pergeñado. Nos referimos al República de Roma. República de Roma es un juego de tablero que busca recrear el devenir histórico y los tejemanejes políticos de la república romana en la mesa de tu casa. El germen del juego se encuentra en la fascinación que originó en un joven estadounidense, Robert Haines, la obra de Tito Livio Historia de Roma. Convencido de que podía alargar el entretenimiento que le había proporcionado el libro del genial historiador paduano, decidió verter este material en un juego de mesa del que disfrutar con sus amigos. De esta manera nació el antecedente de nuestro protagonista, un juego casero al que Haines bautizó como Senado, en homenaje a la principal institución política de la ciudad de las 7 colinas.

Durante 5 años Senado se limitó a ser un complemento sin pretensiones de las tardes lúdicas de un grupo de amigos frikis, pero como ocurre en ocasiones, el azar le depararía un destino mucho más destacado. Cuando Haines se encontraba estudiando Historia en la Universidad de Nuevo México, uno de sus profesores, Richard Berthold, viendo el potencial del juego, animó a su alumno a que presentase su creación a una editorial para su comercialización. El propio Berthold se encargó de la redacción de las reglas y, ni cortos ni perezosos, apuntaron a lo más alto, enviando el borrador a Avalon Hill, la más importante editorial de juegos para adultos de su momento.

En ese momento, los engranajes de la casualidad encajaron y el manuscrito de Senado llegó a manos de uno de los diseñadores de juegos de mayor proyección que había en aquellos momentos, Don Greenwood. Greenwood, entusiasmado con la idea que subyacía en las líneas que acababa de leer, convenció a su compañía para que adquiriese los derechos y desarrollase lo que en el futuro habría de llamarse República de Roma.republica-de-roma-2

Ya durante el mismo proceso de desarrollo se comenzó a forjar la leyenda del República de Roma como un juego capaz de dar rienda suelta a los instintos más rastreros y traicioneros de sus jugadores. Haines se sorprendió un día al recibir una comunicación desesperada de Greenwood en la que le aseguraba que las pruebas del juego corrían el peligro de venirse abajo porque los testers habían estado en varias ocasiones a punto de llegar a las manos. Haines, demostrando un grado de madurez y de ironía muy superior al de los empleados de Avalon Hill, contestó sugiriendo que contratasen a adultos para realizar las pruebas. La respuesta de Haines no resultó del agrado de la editorial, que desde ese momento prescindió de su asesoría dejándole fuera del desarrollo del juego.

En cualquier caso, en 1990 vio por primera vez la luz el República de Roma, convirtiéndose desde el primer momento en un clásico. Tras la quiebra de Avalon Hill y su adquisición por el gigante juguetero Hasbro en 1998, el República de Roma se convertiría en un objeto de coleccionismo al alcance de tan sólo los bolsillos más pudientes hasta que en 2010 la editorial Valley Games se lanzó a su reedición, actualizando los componentes y mejorando la redacción del reglamento. La edición de Valley Games también fue editada en España de la mano de la editorial española Edge Entertaiment, que se encargó de su traducción y su lanzamiento en el mercado hispano en 2011.

Una vez llegados hasta aquí, aquellos que no conocían el juego se preguntarán legítimamente a qué demonios se debe el entusiasmo que el República de Roma ha despertado a lo largo de ya 26 años. Antes de contestar a este interrogante hemos de advertir que no se trata de un entretenimiento apto para todos los públicos. En primer lugar porque aprender a jugarlo es una tarea ardua que exige una dedicación que no todo el mundo está dispuesto a brindarle. El reglamento, que en su edición española cuenta con casi 40 páginas, parece más un manual de derecho, con subdivisiones de las subdivisiones al estilo 1.07.331, que un clásico libreto de reglas.

La duración de cada partida también es un elemento que puede echar a atrás a más de uno, ya que oscila entre la media hora y las 5 que puede llegar a ocupar en caso de que los jugadores tengan éxito al afrontar los desafíos a los que república romana hubo de hacer frente. Y no hemos de olvidarnos de las tensiones que la dinámica de simulación política, con sus múltiples traiciones y embustes, genera entre los jugadores, por lo que aquellos que tiendan a tomarse las cosas demasiado en serio o llevarlas al terreno de lo personal deberían abstenerse de jugar a este juego por el bien de su salud mental y la de sus compañeros de mesa.

Serie Roma

Una vez hechas estas prevenciones ha llegado el momento de explicar por qué el República de Roma es el gran juego que es. Una de las claves se encuentra en su naturaleza semicooperativa, y es que la única manera de que un jugador gane es que no pierdan todos. Ello obliga a mantener un delicado equilibrio entre el interés personal y el colectivo, ya que todos los jugadores se deben asegurar de que la república no sucumba a los peligros que la acechan, normalmente en forma de guerras aunque también de descontento popular y revueltas, al tiempo que consiguen ampliar la base de poder de la facción que representan.

El otro gran punto fuerte de este juego es la intensidad que logra transmitir en su recreación de las pugnas políticas. El momento más importante de cada turno es la fase de Senado, en la que los jugadores acuerdan el reparto de los cargos públicos de la república, si juzgar o no a aquellos senadores que han incurrido en corrupción para aumentar su peculio, la construcción de nuevas legiones y flotas para hacer frente a los enemigos exteriores de Roma o, incluso, la aprobación de disposiciones que modifican las propias reglas del juego.

La particularidad reside en el verbo que hemos empleado: acordar. Para sacar adelante cualquier decisión es necesario el concurso de los demás jugadores, pero ojo, porque el voto de cada uno de ellos no tiene el mismo valor, sino que depende de la base de poder que haya conseguido acumular en forma de senadores, dinero y otra serie de factores. De esta manera la negociación se impone como necesaria y con ella el intercambio de favores y puñaladas por la espalda en los momentos críticos del juego con el único propósito de sacar el máximo beneficio personal. Y es que como rezaba el lema de los Inmortales: “Sólo puede quedar uno”.