A estas alturas quedan pocos aspectos de la Segunda Guerra Mundial que puedan pasar por novedosos. Es la guerra más documentada y explicada de la historia. Sabemos casi todo lo que ocurrió, hasta cuándo tosía Adolf Hitler. Sin embargo si hablamos de drogas el asunto cambia un poco. Porque sí, sabemos que las drogas jugaron un papel importante en el conflicto bélico más importante, pero no sabíamos hasta que punto. Ahora podemos hacernos una idea, al menos en el lado nazi, gracias a Norman Ohler y su libro El Gran Delirio. Hitler, drogas y el III Reich.

Ohler consigue firmar un relato entretenido e interesante, en el que nos muestra un claro dibujo de cómo las drogas formaban parte del día a día de Alemania tanto en la Segunda Guerra Mundial como en los años previos, desde la República de Weimar. También nos enseña la hipocresía del Partido Nazi, que en principio hizo de sus políticas antidrogas una especie de cruzada, para terminar fomentando el uso de determinadas sustancias para mejorar el ánimo de la población, y también su capacidad de trabajo.

Por no hablar de cómo hicieron de ellas el elemento clave en la Blitzkrieg inicial que envolvió a Europa en la sorpresa y la incredulidad. La Wehrmacht vivió los primeros años de Segunda Guerra Mundial espoleada y alimentada por las drogas, metafórica y literalmente. En los años finales eran adictos que necesitaban de su dosis de Pervitina para poder seguir adelante con las atrocidades de una guerra en la que ya solo eran carne de cañón para unas balas aliadas que se sabían victoriosas.

Claro que para el lector más casual el punto fuerte de El Gran Delirio. Hitler, drogas y el III Reich está, quizá, en lo que a las drogas que el propio Führer consumía. En resumen: era un yonqui considerable. Al menos con el dibujo que Norman Ohler nos presenta en su libro. Quizá exagerado, quizá no, pero desde luego sorprendente y atrayente. Uno se sumerge en la lectura descubriendo nuevos datos, introduciéndose en ese mundo loco y farmacológico en el que Hitler se instaló en los últimos años de su vida.

Norman Ohler consigue en El Gran Delirio. Hitler, drogas y el III Reich que su libro resulte ligero aún en los momentos en los que reparte datos y nombres técnicos a diestro y siniestro. Mezcla la escritura más historiográfica con la periodística, logrando un libro ameno que, además, no es demasiado largo. Sabe también ir poniendo cebos al lector, para crearle un mínimo ansia de continuar con la lectura.

No todo va a ser positivo, por supuesto. El libro está bien y no se hace pesado, pero tampoco es la quintaesencia de este tipo de libros. Además, tiene momentos del relato en los que parece que desprecia a otros autores por no aportar la visión que el suma a lo que ya conocemos de la Segunda Guerra Mundial. Un pequeño aura de superioridad que no convence. Aún con eso, el resultado final no desluce, es positivo y nos engancha. De hecho hasta se nos hace corto y queremos que Ohler profundice más. En definitiva El Gran Delirio. Hitler, drogas y el III Reich es un libro que los casuales disfrutarán por igual que los habituales del periodo histórico.