El boom de los juegos de mesa no pilla a nadie por sorpresa. En los últimos años esta forma de entretenimiento está ganando adeptos a velocidades de vértigo. No es para menos. La variedad de posibilidades hace que casi cualquier persona pueda encontrar un juego hecho a su medida. Sea de gestionar recursos, de matar zombis o simplemente construido para pasar un buen y breve rato con los amigos y la familia. El Monopoly, Trivial, Risk y compañía han dado paso a otros nombres como Scythe, Arkham Horror o Catán.

Los habrá con una experiencia de años en el mundillo de los juegos de mesa. Otros nos hemos subido a la ola a lo largo de la última década. En mi caso se trata de una afición que solo me da alegrías y buenos momentos. Aunque sin olvidar lo que sufre mi cartera cada vez que hago una visita a la tienda de cabecera de turno u ojeo novedades sin Internet. Cuestiones económicas al margen, la realidad, al menos en mi caso, es una que solo habla de cosas buenas en lo que a los juegos de mesa se refiere.

Y todo empezó de casualidad. Seguramente a muchos les ocurrió de igual manera. Las típicas tardes o noches de viernes que, sin plan, quedabas con algún amigo para hablar alrededor de una mesa, compartir una cena o echar unas cervezas, pronto fueron mejoradas con diferentes juegos que hacían las delicias de los presentes. Lo admito, en mi caso no era así. Me costó entrar, quizá porque uno de los primeros juegos que jugué fue Arkham Horror -su segunda edición-. Digamos que sin ser un juego imposible, para un neófito aquello sonaba a chino.

Mis compañeros de batalla de aquel momento disfrutaban con casi cada novedad que uno de ellos conseguía. Sí, una extraña costumbre en esto de los juegos de mesa es que de primeras a uno le toque hacer un mayor desembolso. Él hace el esfuerzo económico mientras el resto se introduce poco a poco en uno u otro juego. Vamos aprendiendo qué nos gusta más a cada uno, que juego funciona mejor. Y sí, el gasto lo hacía solo uno, pero al menos tenía la ventaja de jugar siempre a algo que le apeteciese.

juegos de mesa

Los juegos que me engancharon inicialmente fueron ‘fillers’ -juegos de cartas- sencillitos y simpaticotes. Chez Geek -donde haces perrerías a tus amigos alrededor de un desastroso piso de alquiler- y Munchkin, un clásico de humor que para una partida rápida y sencilla nunca falla. Hoy quizá me cueste un poco jugar a alguno de estos juegos, pero sin ellos no hubiera llegado al lugar en el que estoy hoy.

El plan que antes suponía cenar, hablar o tomar algo hoy sigue existiendo, solo que además de vez en cuando aprovechas para jugar a algún juego. O realizas el proceso inverso, planificas una sesión de juego que además servirá para ponerte al día con tus amigos. Además, no es algo excluyente. Rara es la ocasión en la que alguien se niega a probar una partida. Al fin y al cabo ¿quién no ha jugado al Trivial o al Monopoly alguna vez? Probar un Terraforming Mars puede parecer caótico de primeras, pero solo son unas normas un poco más complejas, más opciones para realizar y la misma diversión cuanto menos. Además siempre contarás con la ayuda de tus compañeros de mesa.

Algo común entre los que tenemos los juegos de mesa como afición son las ganas por expandir este universo que nos apasiona. Los grupos de juego llegan a cambiar. En mi caso son varios los grupos con los que puedo jugar, y casi en cada uno de ellos las preferencias son unas u otras. La variedad está asegurada y aunque un día pueda apetecer jugar más a una u otra cosa, al final del día la satisfacción es la misma. Ver, además, a tus amigos compartir con gusto y diversión tu afición es un placer extra.

Releyendo este texto, me doy la sensación de estar pagado por la industria de los juegos de mesa. Por desgracia no es así. Es verdadera afición. Si tú que me estás leyendo sientes curiosidad, acércate a una tienda especializada y pregunta. Infórmate en Internet, hay decenas de blogs, videoblogs, tiendas y foros como BGG -en inglés- o la comunidad hispana de La BSK. Busca y rebusca, encuentra un juego que te llame la atención, aprendete las reglas y pruébalo. Dale un par de intentonas por si la primera vez no funciona muy bien. Y si te ha gustado lo vivido, no dudes en repetir y expandirte en este universo. Le dolerá al bolsillo, pero serás recompensado de muchas formas.