La luna de miel de Pep Guardiola en Manchester pareció terminar de golpe tras la derrota del Manchester City ante el Mónaco en los octavos de final de la Champions League. El conjunto inglés se vio sorprendido y su eliminación deja al proyecto de Guardiola con más sombras que luces. De momento las cosas no le están saliendo del todo bien al técnico catalán. Para su suerte, cuenta con el pleno respaldo de la dirección del club, que le ha dado mando en plaza para conquistar la Champions. Ese objetivo aún está muy lejano.

Los resultados no terminan de llegar. Y como sabemos, en el fútbol el resultado lo es todo. Que se lo digan a Arsène Wenger. Fuera de la Champions League y con apenas unas remotas opciones para conseguir la Premier League, al Manchester City le esperan unos meses de rumores y especulaciones. Solo tienen la posibilidad de hacerse con la FA Cup en el horizonte, competición en la que deberán enfrentarse al Arsenal de Wenger en semifinales. Una situación extraña para un Pep Guardiola acostumbrado a ganar. Y seguramente una situación inesperada en las oficinas citizen a principios de temporada.

El fútbol es caprichoso. Tanto que ha querido dejar al City en mal lugar justo cuando empiezan a reconocerse las líneas maestras que Guardiola quiere implantar en el equipo. O mejor dicho, cuando parecían asentarse dichos aspectos. La Premier es una competición acostumbrada y asociada al vértigo, a la velocidad, a la ida y vuelta. Guardiola ha tenido que hacer un máster sobre ello en estos primeros meses de estancia en la zona blue de Manchester.

El estado del City no debería sorprender a nadie. Guardiola es un gran entrenador pero no es un mago. Tampoco es perfecto. Y los mimbres con los que contaba y cuenta no están plenamente capacitados para realizar el fútbol que él desea. Mucho mediapunta pero poco -o ningún- jugador adecuado para ser comandante en jefe en el centro del campo. Una defensa lenta, con un fichaje estelar –Stones– que no termina de romper y que parece entrar en pánico cuando las cosas se tuercen, unos laterales aceptables pero en nada destacables. Y para mayor desgracia suya, Claudio Bravo le ha fallado más de la cuenta. Más de lo esperado.

Esto hace que, vistos los resultados, hayan explotado los rumores. The Guardian ha llegado a especular con hasta 18 bajas de cara al próximo mercado de verano. La mala suerte para los damnificados es que dan detalles tanto de los dieciocho nombres como, en algunos casos, de los motivos que les han llevado a estar en esa lista. Y si hay gente que sale, tendrá que entrar gente. Esto deja al Manchester City y su plantilla en una situación incómoda para lo que queda de temporada. Situación que se repite con respecto al año pasado. Si hace un curso fue la marcha de Manuel Pellegrini y la llegada de Guardiola lo que desestabilizó el ambiente y el buen ritmo del equipo, veremos si este año no ocurre algo similar.

Los más críticos con Pep Guardiola no han tardado en saltar a la yugular. Aducen por un lado el fracaso que supone caer en octavos de Champions contra un equipo a priori inferior como el Mónaco. Nadie esperaba al City en la final de la competición, pero sí es cierto que la eliminación ha sorprendido por inesperada. Esos críticos también destacan su incapacidad para ganar si no cuenta con las mejores plantillas posibles tras su paso por Barcelona y Munich. Y esa conclusión la sacan con la tranquilidad que da el saber que los datos están de su lado. Datos que, por otro lado, abarcan una temporada: esta, la presente.

Quizá haya más ganas de atizar que de realizar una crítica constructiva u objetiva. Pero así es el fútbol, que hoy solo entiende de odios y prejuicios. Sin embargo es justo admitir que el propio Pep Guardiola parece incómodo con la situación que está viviendo actualmente. Ha perdido el halo de misticismo y cara a la prensa ya no cuenta con ese estado de gracia con el que llego a Manchester. Algo que se pudo apreciar en una rueda de prensa en la que, bastante altivo y prepotente, hacía recuento de los títulos que había conseguido a lo largo de su carrera como entrenador.

Pep Guardiola necesita calma y ser consciente de que está construyendo un camino. Y acaba de empezar. Le toca seguir evolucionando un club que desea asentar las bases de un futuro dominador. Quisieron ser como Oasis en sus comienzos, contundentes y arrolladores, pero mejor les irá funcionando como hormiguitas. Trabajando con tranquilidad y constancia, sin nervios y siendo conscientes de que el camino estará lleno de baches. Si Guardiola quiere ser el rey de Manchester en tres años, se equivocará.