Nacido en 1986, los videojuegos han formado parte de mi vida de manera constante desde los tempranos noventa. Excepto la última generación de consolas, todas han pasado por mis manos desde la Game Boy y la MegaDrive. Con los ordenadores me inicié con un 486. He disfrutado con muchos juegos, he vivido aventuras, levantado imperios, aniquilado rivales… pero nada, nada, nada me ha mantenido tan enganchado como lo hace un videojuego desde 2005. ¿Su nombre? Football Manager.

Llegó primero PC Fútbol, sí, pero aquella partidas al primer manager de fútbol exitoso quedaron pronto empequeñecidas por un Football Manager que desde muy temprano ofrecía una inmersión mucho más profunda que las de los juegos de Dynamic -o su rival en aquellos años, Total Club Manager de EA Sports-. Football Manager fue, es, y seguirá siendo sinónimo de empezar a jugar sin saber cuándo cerraré el juego.

Lo primero que podría destacar sobre Football Manager serían las muchas horas de sueño que me ha quitado a lo largo de los años. Arrancar una partida después de cenar suponía no saber a qué hora terminaría yendo a dormir. Mirar como se movían unas chapitas era hipnótico. También es difícil despegarse de la pantalla del ordenador cuando diriges al Maidenhead, todo el mundo te da por descendido y en las últimas jornadas estás con opciones de ascender a la quinta división inglesa. Impagable. El ascenso, por supuesto, llegó.

Football Manager

Quien no quedaba muy satisfecha con esas aventuras nocturnas juveniles en las categorías inferiores del fútbol inglés era mi madre. Yo en aquel momento era un universitario despreocupado, que no veía problemas en dormir cuatro o cinco horas la noche antes de ir a clase. Eso no hacía mucha gracia a la oficial al cargo de la familia. Menos aún las celebraciones de goles en descuentos, o aquellos que significaban ascensos, títulos o salvaciones… a las dos o tres de la mañana. Bendito y maldito fútbol.

Hay por Internet varios textos que hablan de situaciones similares a esta que yo comento. Personas que gastaban su tiempo libre en Football Manager sin preocuparse de nada más. Hay quien hasta considera que el videojuego les ha “robado” parte de su vida. Yo no diré tanto, aunque sí es cierto que ha formado parte importante en lo que a entretenimiento se refiere. No dejé de hacer planes con mis amigos, no dejé de tener citas o ir a ver una película. Al menos de manera habitual, algún domingo sí que se consumía pasando días y disputando partidos virtuales.

¿Se vieron resentidas mis notas universitarias? Sería injusto decir que sí, pero algún examen o trabajo puntual sí que pudo verse mermado ante ese vicio que llegaba a ser absorbente. ¿Mi rendimiento laboral se vio afectado? Rotundamente no, excepto por esos momentos en los que, sin mucho que hacer, la mente viajaba al Football Manager, me vestía de director deportivo, y reflexionaba sobre qué tipo de futbolista debía fichar, a dónde tenía que enviar a mis ojeadores, y quien debía continuar en la plantilla.

Juego Football Manager

He fortalecido amistades solo por el hecho de compartir este sano vicio llamado Football Manager. Cervezas y cervezas hablando de fichajes y tácticas, horas de conversación vía whatsapp -hoy- o MSN -ayer- comentando cada partido. Cada partida ya no es individual, todos nos metemos en ella y apoyamos a nuestra virtual manera. Y qué decir de amigos que han conocido el videojuego gracias a mis locas aventuras, que les contaba llegado el momento -quisieran o no-. Amigos que terminaban preguntándome por mi actual partida completamente interesados. O eso creía yo.

Además en mi retorcida mente, dirigir a un equipo en Football Manager conllevaba una implicación con el pueblo. Situarlo en el mapa, ver imágenes, empaparme de su historia si es que tenía alguna. Y con mi extraña costumbre de entrenar virtualmente en categorías bajas, conozco localidades como Havant, Scunthorpe, Salerno, u Olot como la palma de mi mano. Y a sus jugadores, por supuesto. Con ellos creo extrañas conexiones emocionales. Como el gran Jonny Allan, un don nadie para muchos, para mí el mejor goleador que pasó por el Northwich Victoria.

Unos juegan al League of Legends, al World of Warcraft o al Fifa, por nombrar algunos. Yo, como tantos otros, soy de esa minoría que se enamoró del Football Manager en cuanto lo conocí. No necesito ganar la Champions para sentirme realizado. Hay algo en ese botón de ‘siguiente’ que con los años ha terminado por ejercer una cierta sensación de paz. Ya no juego tanto como antes, las temporadas se hacen más largas que nunca, pero de vez en cuando vuelvo al Football Manager para aplacar mis ansias de entrenador.

Tengo que dejar este texto aquí. Mi UE Olot recibe al Sporting de Gijón en la jornada diez de Segunda División. Tres puntos vitales.