Este artículo de opinión fue escrito en 2019, poco después del final de Juego de Tronos. Se quedó en un cajón, como reflexión personal que no compartiría. Un desahogo. Resulta que sigue siendo igual de actual que entonces y, por desgracia, no parece tener visos de cambiar. Te pregunto: ¿es el fan gilipollas?

En 2019, de la noche a la mañana, nos levantábamos con una extraña y loca noticia: fans de Juego de Tronos pedían que se rehiciese la octava y última temporada. En resumen, no les había gustado el trabajo de los guionistas y como terminaba la que era su serie de televisión favorita. No eran cuatro o cinco, no. Miles de personas habían firmado una petición abierta hacía apenas unas horas. Entiendo que indignados por el cambio sufrido por uno de sus personajes favoritos: Daenerys. Conocido todo y tras asimilarlo, por mi cabeza solo pasaba una pregunta: ¿hasta dónde va a llegar la estupidez del fan gilipollas?

Todo ocurrió tras el polémico quinto capítulo de la octava temporada de Juego de Tronos. Ese en el que Daenerys Targaryen desataba su furia y del que ya hacíamos un pequeño análisis y opinión aquí. Puede no gustarte el resultado de una serie o su final. Esto no es novedoso, muchas series han terminado de una manera cuanto menos peculiar, polémica o directamente mala. Pero de ahí a exigir que rehagan una temporada porque no te ha gustado hay un paso. Lo firme una o un millón de personas. La cantidad solo señala que la estupidez humana en ocasiones se reúne en un mismo punto.

Uno no puede andar pidiendo semejante tontería solo porque no te guste el rumbo o final de una serie. Si no te convence, la criticas o la dejas de ver, pero tu berrinche queda ahí. Más productos de los últimos años han sufrido tonterías similares, como Star Wars: El Último Jedi o Capitana Marvel. Spoiler alert para fans insoportables: si crees que un lloro tuyo va a conseguir que cambie el trabajo YA HECHO de cientos de personas, vives en el país feliz, en una casa de gominola en la calle de la piruleta.

Los creadores de contenido aceptan que un producto suyo pueda no gustar al público. Y esto vale por un director de cine o televisión, un músico o un periodista como nosotros. Hacemos, hacen, un producto que consigue convencer al que lo crea. Que cree que es consecuente con lo que viene haciendo. Al fin y al cabo ¿es el cambio de Daenerys algo tan radical con respecto a lo que nos ha contado Juego de Tronos durante ocho temporadas? Rotundamente no. Las pistas estaban ahí y desde el principio sabíamos que, siendo una Targaryen, tocaba lanzar una moneda.

Final Juego de Tronos

Podemos estar de acuerdo sino todos, sí muchos, en que la última temporada de Juego de Tronos parece un tanto ‘atropellada’. Muy poco tiempo para cerrar demasiadas cosas, con dos batallas pendientes de por medio. Esto, nos guste más o menos, incluso podíamos esperarlo. Pero más allá de gustos personales, no puede decirse que la última temporada de la serie de HBO no sea fiel consigo misma. Y por encima de todo debe estar eso. Algo que hay que reconocer.

¿Qué ocurre entonces? Que al parecer el fan se ha vuelto gilipollas. No puedo más que decirlo alto y claro. Las redes sociales y nuevas plataformas nos han dado un púlpito desde el que expresar nuestras opiniones. Algo totalmente positivo porque ha unido más si cabe a ese fan que antes quizá vivía más desmembrado e incluso desprotegido. Se ha creado una comunidad alrededor de determinados productos. Pero ese púlpito y esa posibilidad de opinar libremente sobre lo que queramos no debería ser motivo para que nos convirtamos en un fan gilipollas.

Aceptemos las reglas del juego. Unos crean contenido, otros lo disfrutamos y sí, lo criticamos. Pero con respeto, siempre con respeto. Si algo no nos gusta o no nos convence, lo decimos. Lo gritamos si hace falta. Debatimos sobre ello. Pero no podemos convertirnos en seres ridículos pidiendo, exigiendo que se rehagan 8 horas de una serie. Haciendo esto, además, faltamos el respeto al trabajo realizado por unos creadores y todas esas personas que han estado meses, años, trabajando duro para darnos un producto que, en este caso además, nos encanta a millones de personas.

Alguno dirán hoy que si no hubiera sido por esa protesta continua el ‘Zack Snyder’s Justice League’ no hubiera existido. Bien, ¿y? Imaginad que hacemos esto con cada producto que no convence a una mayoría que, ojo, quizá no sea tal. El espectro representado que tenemos en Twitter, por ejemplo, es bastante pequeño. Aunque creamos ser muchos. De esto se ha aprovechado Zack Snyder, precisamente. Aunque la realidad nos dice que su película ha sido estrenada en… streaming. En definitiva, no nos creamos que por ser fans nuestros deseos deben ser cumplidos.