¿Cómo es posible que una novela escrita en 1935 anticipase la llegada de Donald Trump al poder? No lo sabemos, pero ocurrió. El Premio Nobel Sinclair Lewis no lo sabía, pero su libro Eso No Puede Pasar Aquí, leído en 2017, nos habla sin quererlo del presidente estadounidense. Un déspota, populista, que promete cosas imposibles y con una retórica bastante limitada. ¿Les suena? Sí, es Berzelius Windrip, uno de los personajes del libro. Y también, Donald Trump.

Eso No Puede Pasar Aquí es una novela distópica, en la línea de otras como Un Mundo Feliz o 1984. Sinclair Lewis se valió de lo que ocurría en Europa, con Hitler y Mussolini a la cabeza, para imaginar lo que podría ocurrir en Estados Unidos si se dieran pasos similares. Las bases para ello estaban puestas y es que el crack económico de 1929 y los años de la Gran Depresión bien pudieron servir como germen de un movimiento similar a los vividos en Alemania e Italia.

La novela tiene a Doremus Jessup como protagonista, un tranquilo y burgués director de periódico local que encara ya sus últimos años como profesional. A su alrededor una serie de personajes con los que Lewis intenta hacer un boceto del Estados Unidos de la época. Y con ellos, especialmente con Jesup, el Nobel nos demuestra que es la apatía y permisividad de medios de comunicación y ciudadanos comunes la que da permiso a ciertos movimientos para hacerse con el poder.

Jessup ve con cierto humor la posibilidad de que un deslenguado y populista se presente como candidato a las elecciones por la presidencia de su país. Poco a poco va dándose cuenta de que lo que parecía una simple broma termina por convertirse en realidad. Hasta que dicho candidato -Berzelius ‘Buzz’ Windrip- consigue ganar y convertirse en el Presidente de los Estados Unidos. La broma ya no lo es tanto. Ni Jessup ni varios de sus amigos creían posible que un candidato así se presentase primero, y ganase después. Sin embargo sucede, ante la desidia de todo el mundo.

 

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Con Donald Trump sucedió algo similar. Primero nos parecía una broma que se presentase. Pero fue ganando caucus y primarias republicanas hasta convertirse el candidato de un Partido Republicano dividido por ello. Nadie lo había parado hasta ese momento, pero en el largo camino hasta la pelea por la presidencia, alguien lo haría. Alguien. Mientras mirábamos y veíamos el tiempo y los escándalos pasar, uno tras uno. Y de repente, ocurrió lo inevitable. Trump ganó.

Windrip y Trump comparten tantas cosas que uno se plantea si el actual POTUS decidió copiar al personaje de Eso No Puede Pasar Aquí. En primer, el uso de una retórica simple y ‘campechana’, que alienta a las masas, especialmente a las más empobrecidas. Trump habla continuamente de subir los salarios desde que era candidato -algo que parece no realizar-, mientras que los seguidores de Windrip -discípulos debiéramos decir- confían en que su llegada les dará un salario mensual de 5000 doláres. Algo que el populista les promete en su programa de quince puntos. Sin embargo el dinero no llega de la nada, amigos.

El racismo. Donald Trump lleva ya varias meteduras de pata, como cuando llamó ‘Pocahontas’ a una senadora demócrata delante de veteranos militares indígenas. Aunque podríamos limitarnos a hablar sobre la construcción del muro en la frontera con México o sus ganas por deportar a miles de inmigrantes, entre ellos los Dreamers. En Eso No Puede Pasar Aquí, para Windrip los afroamericanos son mano de obra barata, mientras que con otros como los judíos aspira a seguir pasos similares a los de Hitler en Alemania.

¿Y las mujeres? Amas de casa para Windrip, elementos decorativos, madres, “excepto las que trabajen en ámbitos típicamente femeninos como la enfermería o los salones de belleza“. El historial misógino de Donald Trump no es algo que el presidente estadounidense haya pretendido esconder. Como Trump, Windrip recibió el apoyo de las clases bajas, enganchadas a ese discurso simplón que les vendía la moto que querían comprar. Además, Sinclair Lewis se vale de elementos de la Alemania nazi como las SA, para darle forma a un brazo armado del propio candidato.

Donald Trump

Sinclair Lewis nos mete el miedo en el cuerpo y nos asombra por partes iguales. En su novela vemos la facilidad con la que el régimen democrático y aparentemente libre en el que vivimos puede venirse abajo como un castillo de naipes. Los derechos de los que gozamos, la existencia de una oposición, cuestiones que parecen naturales para muchos de nosotros y que pueden perderse si un loco peligroso pilota la nave.

Doremus Jessup ve paulatinamente como todo esto puede ocurrir, pero ni es consciente desde hasta donde puede llegar, ni consigue hacer que sus lectores y conciudadanos vean el peligro que se avecina. Según avanza Eso No Puede Pasar Aquí, Lewis nos va mostrando la baja ética de muchos de los personajes que, recordemos, no eran más que un boceto del Estados Unidos de la época. Mientras tanto observamos con una extraña mezcla de inquietud y despreocupación -sic- la instauración de una dictadura. Lewis lo hace de una manera tan sutil que apenas nos vamos dando cuenta.

Así como vemos la escasa catadura moral de varios personajes, también apreciamos un crecimiento de los buenos valores en Jessup y otros personajes. Nos encontramos, de repente, ante uno de los puntos flojos de la novela, la facilidad con la que Lewis nos describe a unos como buenos y otros como malos. Donde antes parecía haber grises, de repente todo se convierte en blanco o negro. Apenas hay cuestiones, rápidamente se construyen dos ‘bandos’.

Eso No Puede Pasar Aquí nos gusta, nos engancha y lo devoramos página a página. Es un libro de lectura cómoda, sí, pero sobretodo es una novela que nos hace pensar. Despierta en nosotros una serie de reflexiones y críticas sobre la sociedad en la que vivimos, y como todo puede estar construido sobre una fina capa de cartón piedra. Una excelente lectura.