Dennis Rodman NBA ChampionDetroit, febrero de 1993. En el parking exterior del Palace of Auburn Hills, feudo de los Detroit Pistons, alguien duerme en su coche. Junto a él hay un arma. Lo que nadie sabe es si esa persona fue a parar a ese parking conduciendo desde su casa, o si directamente estaba ahí porque horas antes había terminado su jornada laboral en el Palace. Esa persona era un tal Dennis Rodman, una de las estrellas tanto de los Pistons como de la NBA. El Gusano había tocado fondo anímicamente. Algo debía cambiar y estuvo a punto de cometer una locura. Decía el propio Rodman que de aquella noche había salido más fuerte como ser humano. Se dio cuenta de que debía dedicarse a disfrutar sin importar lo que pensasen los demás. Ser él mismo. Necesitaba guardar en un cajón y para siempre al tímido Dennis que hasta ese momento había regido su vida. Las excentricidades empezaron a formar parte de su día a día, comenzando con los numerosos cambios de color de pelo, pero hay algo que nunca cambió: su amor por el baloncesto y el esfuerzo que ponía en la cancha. Porque bajo esa imagen de jugador descontrolado y de genio insoportable se encontraba uno de los mejores jugadores defensivos que jamás ha pisado una cancha de la NBA, así como uno de su mejores reboteadores. Rodman era a fin de cuentas un espectáculo dentro y fuera de la cancha, y eso en una NBA en la que el marketing juega un papel capital valía tanto o más como una victoria.

Durante años Rodman tuvo que sudar y esforzarse para ser tomado en serio. En sus años de instituto su altura no le acompañaba lo suficiente como para hacerse un hueco en el equipo de baloncesto, y en cambio sus hermanas eran las estrellas allá donde fuesen. Esto y el apoyo de su madre a sus hermanas hizo que las burlas familiares por su pobre nivel sobre la cancha se agudizasen. Además no era un buen estudiante. Rodman forma parte de ese grupo de jugadores salidos de un suburbio y que de no haber llegado a la NBA hubieran acabado muertos o en la cárcel, tal y como afirmaba el propio jugador. Una infancia pasada en un entorno duro marca y sin el baloncesto su vida hubiera sido muy diferente. Sin embargo acabo logrando su objetivo. Fue seleccionado por los Detroit Pistons en el tercer puesto de la segunda ronda del draft de 1986. Llegó a un equipo que se encontraba en pleno proceso de cambio. Tras ser un equipo que lograba acceder a los playoffs pero se marchaba sin pena ni gloria, Isiah Thomas y compañía decidieron que para ser importantes debían subir el nivel de agresividad e intensidad de su juego. Durante casi una década fueron los ‘Bad Boys‘, apodo ya para la historia. Rodman se estrenó en la NBA en un grupo de jugadores que aún teniendo mucha calidad, hicieron de su falta de escrúpulos sobre la cancha la marca de la casa. Y cuando llegaban los playoffs, esto se ampliaba, así como el eco de sus acciones. En esa plantilla Rodman tardó en hacerse un hueco como titular -no consiguió sitio en el quinteto hasta 1989-, pero desde el primer día fue ganando peso, demostrando que nadie podría superarle en cuanto a esfuerzo y ganas.

I spent money, I slept with women around the league, but I always kept my mind on the game.
Dennis Rodman

Fueron años regados con dos títulos -89 y 90-, pero especialmente años de aprendizaje para un Dennis Rodman que durante el resto de su carrera pondría en escena todos los trucos que aprendió en aquellos años en Michigan. Hasta aquel febrero de 1993 todo parecía seguir un camino normal en la carrera de cualquier jugador de baloncesto, más allá de polémicas puntuales como cuando afirmó que Larry Bird era un jugador sobrevalorado por ser blanco -ante las acusaciones de racismo alegó que su novia era blanca-. Pero algo cambió aquella noche en el parking del Palace de Auburn Hills. Su monótona vida dio un giro en la dirección opuesta. En un periódico su nombre se podía leer tanto en la sección de deportes como en la de celebridades. Alguno pensaba que pronto aparecería en la de sucesos. Su forma de vestir rozaba el esperpento, mientras que su pelo cambiaba de color, pasando del amarillo al rojo y de este al azul, tan rápido como se sucedían sus romances con strippers o famosas, alguno de ellos contados a todo color y con todo lujo de detalles. Como el que le unió durante unos meses a Madonna, cuando Rodman relató las llamadas y visitas de la Ambición Rubia en las que esta le pedía un hijo, o la que terminó en boda y divorcio exprés con una de los símbolos sexuales de los noventa: Carmen Electra. Si alguna de estas maniobras era marketing o no nadie lo sabrá, pero sí lo fue su siguiente boda. En 1998 El Gusano publicaba su biografía y para promocionarla anunció que era bisexual… y que se casaría consigo mismo, algo que cumplió vistiéndose de novia y recibiendo 10 millones de dólares del diseñador del vestido nupcial.

They didn’t have a problem with me being wild and crazy when it came time to fill the arenas.
Dennis Rodman

Pero entre locura y disparate, Rodman siguió demostrando que seguía sabiendo jugar a este juego llamado baloncesto. Primero pasó por San Antonio, sacando a relucir su carácter, chocando con la estrella de los Spurs, un David Robinson que en cuanto a personalidad y forma de atacar la vida se encontraba en las antípodas del bueno de Dennis. Pero eso al Gusano le daba igual, ya que a él le pagaban por ser el mejor en lo suyo: defendiendo y cogiendo rebotes. Y eso se mantuvo intacto hasta el tercer anillo con los Chicago Bulls en 1998. Era capaz de defender tanto al base como al pívot. Comenzó su carrera como alero, ya que apenas rozaba los dos metros, pero pronto se vio que donde mejor se movía era en la pintura. Si tenía que defender a alguien 10 o 15 centímetros más grande que él, terminaba por hacerse más grande. Los grandes interiores bajaban su nivel y rendimiento cuando debían verse las caras. Karl Malone, Charles Barkley, Shaquille O’Neal… daba igual el nombre, estilo de juego o edad. En la zona mandaba Rodman. Y eso se ampliaba a su efectividad reboteadora. Nadie reboteó como él. Durante siete años consecutivos fue el mejor reboteador de la NBA, lo que es un récord de la competición. Será muy difícil que alguien le iguale. Junto a Bill Russell y Wilt Chamberlain, el Gusano es uno de los mejores reboteadores de la historia. Quizá merezca ocupar la primera plaza.

Valga un dato para dotar de validez a esta teoría. En la temporada 1960-1961 Chamberlain estableció un récord imposible de igualar al lograr 27’2 capturas por encuentro. El tope de Rodman fueron los 18’7 de la temporada 91-92. Durante los siete años de reinado -de 1992 a 1998- como mejor reboteador de la liga promedió 16’7 por partido, muy lejos de las cifras de Chamberlain. Pero la diferencia radica en el número de oportunidades que tenían uno y otro para hacerse con un rebote. En los sesenta el porcentaje de acierto en el tiro no era el mismo que en los noventa, lo que añadido a la alta velocidad con la que se jugaba permitía una media -estimada- de 147 rebotes por partido. Rodman en esos siete años apenas tenía 84. Y una de las fortalezas añadidas del Gusano radicaba en que no se limitaba a engordar sus estadísticas vía capturas defensivas, ya que su habilidad para hacerse con rebotes ofensivos le daba a sus equipos una gran cantidad de segundas jugadas. Que se lo recuerden a los extintos Seattle Supersonics en las finales de 1996, cuando tanto en el segundo como en el sexto partido logró once rebotes ofensivos, además de volver loco a Shawn Kemp. De aquella contaba ya con 35 años.

I’m hungrier than those other guys out there. Every rebound is a personal challenge.
Dennis Rodman

Cuando llegó a los Bulls en 1995 se unió a ese dúo mágico que formaban Michael Jordan y Scottie Pippen. Si bien ni Jordan ni Pippen eran precisamente unos santos sobre la cancha, Rodman siguió siendo el más duro cada noche. Cualquiera diría que cuesta ver a un tipo tranquilo y ‘zen’ como Phil Jackson aceptar a alguien como Rodman, pero lo hizo encantado y consiguió domarle a su manera, dejando que el jugador hiciese de las suyas e intentando hablar con él y reconducirlo varios días después de cada insurrección mental. El ‘Three-peat’ no era suficiente, Rodman necesitaba hacer de las suyas, hacer explotar ese volcán en erupción que lleva dentro. Dos ejemplos. En primer lugar la noche en que no aceptó la decisión de un árbitro de mandarle a vestuarios. Tras cometer una falta se dedicó a decirle de todo al colegiado, que le soltó una técnica de aviso para ver que nada cambiaba y, acto seguido, ponerle la segunda. Esto encolerizó aún más al jugador, que dio un cabezazo al pobre árbitro para después rasgarse la camiseta y tirarla al suelo. ¿Qué hizo Phil Jackson? Reírse. La otra ocasión tuvo a un fotógrafo como desgraciado protagonista. Rodman intentaba alcanzar sin éxito un balón que se perdía por línea de fondo. Una vez en el suelo decidió soltar su rabia y hacérsela pagar al primero que se cruzase en su camino. En este concreto momento eso eran las partes íntimas del fotógrafo, a las que soltó una patada que dejó al hombre retorciéndose de dolor. Él mismo se calificó como el Diablo dentro de ese equipo, a la par que definía a Jordan como Dios y Pippen como Jesús. Conocía su lugar y salidas de tono aparte, lo cumplió a rajatabla. Muchos entrenadores y General Managers pagarían millones por tener un Rodman en sus plantillas hoy en día. Su profesionalidad estaba fuera de toda duda, siempre y cuando quisiera jugar para el equipo.

Una profesionalidad que se quedó ahí, ya que en sus últimas experiencias en la NBA brilló por su ausencia. En 1998, año del lockout, acabó firmando por unos Lakers a los que convirtió en candidatos al título desde el preciso instante en el que se puso la camiseta californiana, pero acabó siendo cortado, mismo destino que tendría cuando diez meses después firmó por unos Dallas Mavericks con los que solo disputó doce encuentros. Si aparecería por los entrenamientos o los partidos era una incógnita. Con casi cuarenta años y habiendo ganado cinco anillos, le costaba encontrar la motivación para volver a ser profesional a tiempo completo. Con los Mavs firmó un contrato lleno de cláusulas, donde estaba eximido de entrenar con el equipo y hasta podía ausentarse en los partidos. Para aquel entonces estaba más interesado en disfrutar de la vida, las fiestas, y la lucha libre y sus peleas con el mítico Hulk Hogan. Lo que vendría tras su retirada ha sido una pura exaltación del personaje. Intentos -sin éxito- de volver al baloncesto con 45 años, participaciones en realities, polémicas apariciones con toques sexuales en radio… Pero todas esas excentricidades parecen chiquilladas en comparación al que fue su gran momento post retirada: su visita a Corea del Norte, donde simpatizó y bromeó con Kim Jong Un y hasta disputó un partido de baloncesto para deleite del régimen norcoreano y, consecuentemente, enfado del estadounidense. Curioso para un futuro votante del candidato republicano, un Donald Trump del que es ferviente seguidor. ¿De tal palo, tal astilla?

There’s one thing everyone should understand: I like my character.
Dennis Rodman
Michael Jordan Scottie Pippen Dennis Rodman Chicago Bulls