La televisión española está enferma. Tiene un virus incrustado en su cuerpo que no consigue quitarse. El cuñadismo. Tertulianos de opiniones baratas, de barra de bar, copan las numerosas tertulias y debates con los que los canales generalistas han llenado sus programación. Sin embargo eso es solo un mal menor. La gravedad real del asunto está en la presencia de cuñados de tomo y lomo en el prime time de las principales cadenas televisivas. Hablo, sí, de presentadores estrellas como Pablo Motos, Javier Cárdenas, Bertín Osborne y el ya fuera de antena Carlos Herrera.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué la televisión española parece querer seguir anclada en el pasado con determinados perfiles de presentadores? ¿Puede que sea un reflejo de la sociedad española? En caso de respuesta afirmativa, genera cierto temor pensar la sociedad que estamos construyendo. Puede parece que exagero, pero si uno se pone a repasar las perlas en forma de frases y polémicas de unos y otros, se da cuenta de que no es así. Vamos a ello.

Pablo Motos

Arrancamos con quien es sin duda líder en esta lista de cuñados televisivos. Pablo Motos es noticia cada poco tiempo por hacer de las suyas en El Hormiguero, ese programa que comenzó mirando a los niños y que después se olvidó de ellos por completo. En él Motos es la estrella. Da igual el artista invitado que acuda al programa, el protagonista siempre debe ser su presentador. Entrevistas insulsas en horario de máxima audiencia, estrellas aburridas o malgastadas que pasan de soslayo por el que es uno de los programas más exitosos de la televisión española.

No son pocas las estrellas que han puesto cara de pocos amigos o que, directamente, se han quejado en sus países de no entender muy bien el formato del programa. Sus habilidades a la hora de entrevistar a un invitado quedan retratadas una y otra vez. Y si no que se lo pregunte a un Peter Dinklage que demasiado aguantó en su día. Sin embargo lo grave es el machismo al que recurre Motos una y otra vez para no se sabe muy bien qué.

Si es una mujer atractiva la artista invitada, el presentador es capaz de convertir la entrevista en una sucesión de tópicos cuñados, baboseos y preguntas fuera de lugar, algunas incluso subidas de tono. Mónica Carrillo y ver las noticias por su atractivo, Alessandra Ambrosio y los zapatos, el elenco de Las Chicas del Cable y el perreo, Anastacia y el beso en el cuello… La lista es larga y la tenéis aquí recopilada. Lo denunciaba la twitera monnnnn –@abstractofilia– hace no demasiado en el siguiente hilo:

Pero hay más. Motos ha sido capaz de llevar a mujeres en lencería -a las que no se le ve la cara- para comprobar si a él o a Imanol Arias se les subían las pulsaciones. Por supuesto, a él le subieron más. O cuando celebraban la llegada de la primavera con una canción misógina en la que apenas mencionaban estas palabras: primavera, culos y tetas. A Xavier Sardá le puso en plató a cuatro mujeres para bailar y cocinar y así adivinar quien era catalana. Y como olvidar el día que seis madres debían adivinar qué caca era la de su hijo por el olor. ¿Padres? Cero. Todo ello rematado con el Rey -vía Ministerio de Cultura (sic)- dándole a Pablo Motos el Premio Nacional de Televisión. Olé.

Javier Cárdenas

El hombre de “extremo centro“. Con eso ya se define al personaje, presentador de Hora Punta en La 1 de TVE. Y aquí empieza lo grave, porque no solo es un cuñado de libro, sino que además es la televisión pública quien le da un espacio en horario de máxima audiencia. Pagado por supuesto con el dinero de los españoles. Casi nada. Hablamos de un tipo que parece vivir creyéndose garante de la verdad absoluta. Como el cuñado de barra de bar.

Su gran éxito fue señalar que Hitler no fue un dictador porque fue elegido en las urnas. Sin anestesia. Y lo dice con una fuerza que asusta, que uno llega a pensar que lo dice de verdad y no es una mala broma. También es un amante de la pseudociencia, señalando que algunos huracanes han sido creados por el hombre, o que el autismo puede ser provocado por algunas vacunas. Sin olvidar cuando señaló que una mujer no puede ir con escote a su clase en la universidad, no sea que algún compañero se desconcentre.

¿Qué aporta un presentador así en la cadena pública? ¿Y su programa? Hora Punta es un programa vacío, insulso, sin ritmo y que parece desfasado. Y aún así es renovado por TVE. Quizá los directivos le tuvieran cierto miedo, no sea que les ocurriese como a Ignacio Escolar, a quien de refilón le cayó la ira de matón de barrio de Cárdenas. No es un gran comunicador, pero parece conectar con una parte de la audiencia española. A mí que me lo expliquen.

Bertín Osborne y Carlos Herrera

Bertín Osborne ha visto como uno de sus invitados le llamaba facha, también como su almibarada entrevista a Aznar era rodeada por las críticas de famosos y tuiteros, él, que no quiere ni oír hablar de la Memoria Histórica porque él ya olvidó –y por tanto deben hacerlo los demás-, el autodeclarado macho ibérico, el de las declaraciones sutiles. Arrancó en TVE, con dinero público, sí, y ahora hace de las suyas en Telecinco. Su campechanía trasciende fronteras. Al menos es capaz de llevar una entrevista, aunque sea para no contar nada.

Carlos Herrera fue el último en subirse al carro de la televisión. Y sí, también lo hizo vía TVE, pero en su caso la aventura duró poco por las bajas audiencias. Parece que tres cuñados al mismo tiempo son suficientes para el público español. Cuatro multitud. Nos limitaremos a recordar que tuvo la brillante idea de contar con el misógino Salvador Sostres en un debate sobre acoso sexual. Al mismo tipo que sobre las “chicas jóvenes” menciónó en Telemadrid que “esas vaginas que aún no huelen a ácido úrico, están limpias, tienen un olor a santidad“. Y claro, se lió. Quién lo podía esperar, ¿verdad?

¿Es esta la televisión que queremos en España? Cuesta creer que no se pueda hacer mejor. La tiranía de las audiencias puede penalizar, es cierto, pero es cuestión de educar al espectador.