Culturalmente hay una predisposición histórica a dirigir la atención del público y los medios hacia los deportes masculinos, relegando en muchas ocasiones a los femeninos a un lugar muy secundario. Los ejemplos son innumerables y las voces en contra crecen cada día. Aunque aún queda mucho camino por recorrer, el tenis femenino cuenta casi con el mismo grado de importancia que el masculino. Fueron muchos años de lucha y protestas, pero finalmente en 2007 los cuatro grandes –Open de Australia, Roland Garros, Wimbledon y US Open– igualaban los premis de hombres y mujeres, una lucha que comenzó Billie Jean King en 1973 cuando amenazó con realizar un boicot, tras haber ganado el torneo en 1972 y haber recibido quince mil dólares menos que Ilie Nastase, su homólogo masculino. El último en mostrarse igualitario fue Wimbledon, 34 años después de lo que hiciera el grande americano. En aquel 1973 algo comenzó a cambiar, de manera tímida, pero Billie Jean King le dio un importante empujón al tenis femenino. El mismo año en el que la tenista realizaba esa protesta económica hacia el US Open, se disputó la Batalla de los Sexos, una serie de partidos que cambiarían en muchas personas la manera en que estas veían el deporte femenino.

Bobby Riggs fue un buen tenista a en los 30 y 40. Su mejor año le llegó en 1939, antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando fue número uno mundial tras alzar los trofeos de campeón de Wimbledon y el US Open, además de ser finalista en Roland Garros. Como amateur aún demostraría su buen hacer al ganar de nuevo el torneo americano en 1941 y ser subcampeón en 1940. En una época en la que dar el salto profesional te impedía disputar los torneos del Grand Slam, Riggs se reconvirtió y siguió sumando títulos -tres veces el US Pro, ya extinto torneo-, además de ser de nuevo el mejor jugador del mundo en 1946 y 1947. Cuando despegó la década de 1970, Riggs estaba en un segundo plano, compitiendo en torneos para veteranos, y apostando dinero en diferentes deportes, como cuando apostaba por sus victorias cuando aún jugaba. Llegó a asegurar que sin esas apuestas le faltaba motivación, pero que con ellas en mente siempre daba un plus en la pista. Cuando llegó a Londres en 1939 para disputar el torneo de Wimbledon y vio que según los apostantes sus opciones eran bastante bajas decidió jugar 500 dólares a que conseguía ganar el campeonato… en las tres modalidades, individual, dobles y dobles mixto. Tras lograr la proeza consiguió un total de 105.000 dólares, el equivalente a casi dos millones en la actualidad.

Eran esas ganas de conseguir un extra de dinero y notoriedad lo que le llevaron a volver a la primera plana en 1973. Justo el año en el que Billie Jean King amenazaba al US Open con levantar un boicot, Bobby Riggs decidió que era su momento. El ex tenista contaba ya con 55 años pero eso no le frenó a la hora de retar a un duelo sobre la pista a alguna de las principales protagonistas del circuito femenino. Estaba convencido de que existían enormes diferencias entre el tenis femenino y el masculino, lo que le llevó a decir que el femenino era inferior y que a su edad podría ganar a cualquier tenista del top ten. Casi nada. Y Riggs lo tenía muy claro, quería competir de tú a tú contra King, una de las mejores del mundo, pero esta rechazó la oferta. Fue la australiana Margaret Court quien aceptó el reto. No era una tenista menor. Si bien King era una de las favoritas del público, Court era la número uno mundial del momento. Apenas tres años antes había vencido en los cuatro Grand Slam en el mismo año, y tras haber sido madre en 1973 solo cedería Wimbledon. El partido se disputaría el 13 de mayo, día de la madre en Estados Unidos, en Ramona, California, ante cinco mil curiosos espectadores que vieron como el fanfarrón Riggs le ofrecía un ramo de flores a Court en la presentación del encuentro. El partido tuvo poca historia. Los presagios de Riggs se cumplieron y venció con facilidad (6-2, 6-1) apostando por las dejadas y los globos para mover sobre la pista a su rival y que no estuviera cómoda. El duelo ha quedado nombrado

El ego de Bobby Riggs creció y lanzó de nuevo el reto, que esta vez sí sería recogido por Billie Jean King. La tenista de California sintió que debía hacer algo por el bien del tenis femenino. Ella era una de las principales voces en la lucha por la igualdad tanto en el tenis como en el deporte. Obama la llegó a considerar una de las personas claves en materia de igualdad en las últimas décadas de Estados Unidos, y por tanto como defensora nata de la igualdad de sexos no podía dejar pasar la bravuconería de Riggs. Además era una oportunidad perfecta para demostrar que el tenis femenino tenía tanta calidad como el masculino. Y, porqué no, la posibilidad de vengar la derrota de Margaret Court era un aliciente añadido. Con ese antecedente había quedado claro que vencer al ex número uno no iba a ser tarea sencilla. Una vez el partido fue anunciado se convirtió en evento nacional. De la modesta pista de Ramona se pasaría al mastodóntico Astrodome en Houston, donde el 20 de septiembre 30.472 personas asistirían en directo a la denominada Batalla de los Sexos –Battle of the Sexes-, en lo que sería el mayor aforo viendo un partido de tenis hasta hace apenas unos años. Además había un incentivo extra, los 100.000 dólares que se llevaría el vencedor, sin premio de consolación para el derrotado.

Billie Jean King Bobby Riggs Tenis 2

En el Astrodome la previa del duelo se convirtió en un espectáculo. Bobby Riggs hizo acto de presencia en un carro tirado por cuatro mujeres, y vistiendo una chaqueta chillona en tonos amarillos con el logo ‘Sugar Daddy‘ inscrito en ella, con la que llegó a jugar tres juegos. Billie Jean King tomó la pista recordando a Cleopatra, sentada en una silla que llevaban cuatro hombres. Había que calentar el partido. Para ello Riggs presentó a King regalándole una piruleta gigante, mientras que King hizo lo propio dándole un cerdito. Toda una declaración. El partido tuvo más miga que el precedente con Court. King había aprendido de la derrota de su rival en el circuito femenino. Aunque de poco le sirvió en el arranque, ya que Riggs se puso 4-2 en el primer set. Asegura Billie Jean King que ahí se dio cuenta de que “tenía que ganar” ese partido dada su importancia. Cambio su agresivo estilo habitual y decidió jugarle a su rival con sus mismas armas: globos y dejadas, esperando en el fondo. Cuando Riggs se dio cuenta de que no iba a ser tarea sencilla dio carpetazo a su comedia habitual sobre la pista. Pero no pudo hacer nada. El 6-4, 6-3 y 6-3 con el que venció King le dio al deporte femenino una importante victoria.

“Te he infravalorado”, le dijo Riggs a King en el saludo final, antes de irse al hotel devastado por su derrota. King había hecho historia, aunque algunos intentaron quitarle mérito, destacando la diferencia de edad -55 años de Riggs frente a los 29 de Billie-, e incluso hay quien asegura que la Mafia estaba metida por medio. Las apuestas de Riggs le habrían llevado a deber dinero a gente con la que es mejor no meterse en problemas, y dicha teoría afirma que el partido estaba amañado para que el ex tenista profesional saldase sus deudas, ya que la victoria de Billie Jean King se pagaba muy alto. Una historia posible, pero cuesta creerlo. El propio Riggs habría realizado varias apuestas antes del encuentro, con esa costumbre de motivarse vía dinero. La realidad nos deja a una tenista que en su lucha por los derechos de las mujeres logró una importante victoria, un triunfo que superaba al tenis y al deporte para instalarse en la memoria colectiva como un hito. Dos décadas después Martina Navratilova lo intentó ante Jimmy Connors, pero no pudo repetir la gesta. Aunque aquel 20 de septiembre de 1973 no levantó ningún trofeo de campeona, Billie Jean King ganó el partido más importante de su vida.