Segunda parada en nuestra mirada atrás en la historia de los videojuegos. Recordamos aquellos que hicieron historia, supusieron un cambio o que son especiales para nosotros. Sigue nuestro camino con el hashtag #JuegosQueNosMarcaron

En los noventa el RPG de calidad y éxito tenía marca japonesa. En los estudios norteamericanos y europeos sentían que esa era una guerra perdida. Hasta que apareció una pequeña compañía llamada BioWare y la joya con la que nos deleitaron en 1998: Baldur’s Gate. Una epopeya profunda, diferente a lo que habíamos visto hasta el momento, con un sistema de juego novedoso y la seña de identidad de Dungeons & Dragons. Esa mezcla hizo que nos enamorasemos de un juego único, que después la empresa lo ha convertido en una manera de vivir. Si creciste y viviste en los noventa, jugaste a Baldur’s Gate.

Baldur’s Gate era una experiencia completamente novedosa. En primer lugar por su sistema de juego. BioWare decidió utilizar el sistema de uso del ratón en tiempo real de juegos de Real Time Strategy como Command & Conquer, que en la época tenían mucho tirón. No sin dificultades, decidieron llevar a cabo ese mismo sistema de juego para un RPG. El ratón como eje central de las decisiones del jugador, en tiempo real. Con el añadido del botón de pausa, para poder tomar algunas decisiones con una mayor tranquilidad, especialmente en los momentos de combate. Una especie de turnos, sin ser turnos per se. No nos olvidemos además de que en Baldur’s Gate al jugador se le unía una especie de compañía. Poco a poco el número de acompañantes crecía hasta llegar a manejar seis héroes.

Los acompañantes traían otra novedad: funcionaban con una rudimentaria IA que les permitía realizar acciones por su cuenta y riesgo. Y en cualquier momento el jugador podía tomar el mando y emplearlos a su gusto. Una idea fantástica, sin duda. Sin olvidar que estos acompañantes tenían su particular forma de ser, y tu día a día, tu trato con ellos, jugaba un papel importante en la partida. Y daban momentos memorables. Incluso personajes memorables. Hablamos, sí, de Minsc. Un tipo divertido, que quizá no era el mejor acompañante, pero que había algo en él, llamémoslo carisma, que nos inclinaba a dejarle en el equipo. Y además, traía consigo a Boo, el hámster de la pandilla.

#JuegosQueNosMarcaron

Uno de los aspectos que hizo más grande a Baldur’s Gate es el hecho de estar basado en Dungeons & Dragons. ¿Viviste los noventa y no jugaste a rol? ¡Venga ya! Aquella era una época dorada para los juegos de rol y sin duda Dungeons & Dragons era el más famoso. Sencillo de entender pero con su complejidad al mismo tiempo, y unas posibilidades infinitas en lo que a fantasía medieval se refiere. Los libros de los Reinos Olvidados en los que está basado Baldur’s Gate son también una buena muestra de la relevancia de este juego en su día. En BioWare tenían la intención de basar su juego en deidades mitológicas, pero cuando se enteraron de que su distribuidora (Interplay) tenía los derechos de Dungeons & Dragons y estaban dispuesto a utilizarlos, no miraron atrás.

En la pequeña plantilla de BioWare había fieles seguidores del juego de rol. Aquello, si lo hacían bien, era un sueño hecho realidad. No fue el primer juego basado en D&D. Hasta 29 juegos se adelantaron a Baldur’s Gate: entre ellos el primer MMORPG (Neverwinter Nights), o uno como Eye of the Beholder, que quizá te suene haciendo memoria. Desarrollar el sistema de juego de D&D en un videojuego no era sencillo. No deja de ser un juego que decide sus acciones por el resultado de unos dados. Y sin embargo, la gente de BioWare lo consiguió. Lo bordó. Aquello era un fiel reflejo de lo que eran las partidas de D&D: caóticas en ocasiones, desesperantes en otras, pero tremendamente divertidas, siempre.

El estar basado en D&D hacia novedoso hasta el sistema de creación de personaje, en donde podías escoger los clásicos clase, raza, sexo, etc. Sin embargo había un añadido que marcaría tu partida: el alineamiento. Y es que este apartado del juego de rol hacía de Baldur’s Gate algo especial. Tus acciones, en base a tu alineamiento, marcaban tanto el devenir de ciertos puntos de la partida como tu relación con otros NPC. En ocasiones había un difícil equilibrio que mantener, por el bien común y del futuro de tu partida. El grupo incluso tenía una reputación que mantener -o no-. Novedosos aspectos, al menos para el gran público, que convertían Baldur’s Gate en una experiencia sin igual para muchos. Entre los que me incluyo.

RPG ordenador

Baldur’s Gate: fieles y satisfechos

Aquel juego hizo maravillas en muchos usuarios. No recuerdo la cantidad de ocasiones en las que decidí rejugarlo y aún hoy, mientras escribo estas líneas, me recreo con la idea de retomar el juego. Baldur’s Gate era adictivo y fue, para muchos de nosotros, una nueva manera de jugar los RPG. Puso el listón alto para lo que vino después. Fueron horas y horas pegados al ratón y la pantalla, intentando superar los en ocasiones complicadísimos enemigos que nos ponía el juego. Sus puzles, trampas, las conversaciones que no parecían repetirse jamás, los nuevos retos y las aventuras que nos ofrecía el juego. Ayudando a unos, perjudicando a otros. Consiguiendo un tesoro o salvar a alguien. Una experiencia única, insisto, para muchos de los que nos pusimos ante él en aquel 1998 en el que se público.

Después, en el año 2000, llegaría una secuela que volvió a enamorarnos: Baldur’s Gate II: Shadow of Amn. Baldur’s Gate consiguió vender más de millón y medio de juegos en 3 años. Eso es mucha gente feliz. Retomó en muchos los recuerdos de sus partidas en una mesa con una hoja de personaje, un lápiz y muchos dados. Puso en 3D esas partidas que tanto habíamos disfrutado. Por eso fue un juego tan exitoso. Su fanbase inicial eran esos jugadores de Dungeons & Dragons que querían vivir una experiencia similar en su casa, en su ordenador, sin necesidad de ajustar sus agendas con otras 3 o 4 personas. El boca a boca hizo efecto. Como también el hecho de que las revistas especializadas y la incipiente comunidad de Internet cayeron rendidos a sus pies.

No era para menos. Baldur’s Gate fue un juego que sin hacer mucho ruido, hizo historia. Por poner novedades en el siempre especial y diferente mundo del RPG. Por conseguir que nosotros, los usuarios, viviéramos una historia mágica, profunda, llena de matices. Y difícil. Muy, muy difícil, ¿eh BioWare?

*Las fotos corresponden a la versión Enhanced que puedes disfrutar en Steam
Puedes leer sobre los videojuegos que repasamos aquí.