El día que Sex Pistols cambió la historia de la música

A la hora de valorar un momento histórico toca esperar unos años para poder hacerlo en las mejores condiciones. Pero a veces nos embriaga la sensación de estar viviendo algo especial, algo que va más allá del aquí y ahora. Eso ocurrió en Manchester un 4 de junio de 1976. Cuatro tipos aparentenemente normales llegaron desde Londres para dar un concierto que, según los allí presentes y las crónicas posteriores, fue el concierto que cambió el mundo. El que llevó la música a un nuevo escenario. Esos cuatro tipos eran Sex Pistols y aquella noche incendiaron Manchester y las mentes de un público muy especial.

Antes, en los sesenta, Woodstock definió a su generación, pero significó el punto final de lo que inició Monterey. Menos de diez años después, el concierto del Lesser Free Trade Hall marcó el camino de una generación en el norte de Inglaterra, siendo además el punto de partida de una nueva era. Resulta difícil de creer la afirmación anterior cuando uno indaga en los a veces crueles datos y comprueba que apenas alrededor de cuarenta personas presenciaron el concierto. Pero es ese show y no otro el que destacan diferentes personalidades que poco después serían claves en la música británica y mundial. Por tanto, ¿qué ocurrió aquella noche?

El resumen corto, una buena banda sobre un escenario y entre el público unas mentes inquietas que no estaban dispuestas a dejar el tiempo pasar. Querían ser protagonistas como lo eran los Sex Pistols. Pero la historia tiene más miga. Algo empezaba a cocerse entre la juventud británica de entonces. Muchos estaban cansados del rock progresivo y esas canciones que ellos consideraban pretenciosas. Entre ellos dos estudiantes del Boston College: Howard Trafford y Pete McNeish. Ambos pasarían a la historia como Howard Devoto y Pete Shelley, miembros fundadores de Buzzcocks.

Devoto y Shelley querían llevar a Manchester ese nuevo sonido que se venía cocinando en Londres. Para ello no había mejor grupo que Sex Pistols. Sucios, rápidos e irreverentes, eran el mensajero perfecto para la música punk. El acuerdo económico no fue difícil y por 32 libras los londinenses viajarían al norte a hacer el concierto. Otros tiempos, sin duda. Las entradas costarían 50 peniques, media libra, y los propios Buzzcocks pretendían ser los teloneros, pero aún estaban verdes y no llegaron a tiempo. El papel de comparsa en aquella noche histórica se lo quedaron unos desconocidos antes y ahora Solstice. Un grupo que viviría su minuto de gloria sin saberlo ni poder disfrutarlo. Nadie les recordaría.

El escenario era el mismo Lesser Free Trade Hall en el que un eléctrico Bob Dylan sería llamado Judas diez años antes. El concierto quizá no fue el mejor de los Sex Pistols. De hecho el propio Johnny RottenJohn Lydon– aseguraba no guardar un especial recuerdo de él. Para los miembros de la banda fue uno más. En 1976 The Ramones ya habían lanzado su primer álbum y el punk ya había dado más que un par de pasos en Nueva York, pero en Inglaterra eran los Sex Pistols los precursores del movimiento. Una de las principales diferencias con el americano radicaba en la vertiente más política y crítica del británico, con los propios Sex Pistols o los Clash.

Sex Pistols el 4 de junio de 1976 en Manchester.

Bajo ese clima de novedad y cambio, el grupo dio un concierto fiel a su estilo: con canciones a un ritmo antes no visto y, especialmente, con una actitud de resultarles indiferente lo que pensaba el público de ellos. Había un excitante descaro en aquellos Sex Pistols que el público no había visto antes. Ese saber que el grupo no era bueno, quizá no estaban lo suficientemente preparados, pero ahí estaban: sobre un escenario y defendiendo no solo versiones, también sus propias canciones.

El mensaje de los Sex Pistols era claro. No se necesita ser un virtuoso del instrumento para formar una banda y dar conciertos. Conseguían así una especie de democratización de la música. Cualquiera puede, el Do It Yourself, Hazlo Tú Mismo, que se ha ampliado a casi cualquier ámbito y que arrancó en ese embrionario punk setentero. No eran los mejores músicos del mundo, pero supieron canalizar la energía de una joven generación enrabietada y harta de todo, desde un rock que consideraban presuntuoso y que entendían había perdido alma, hasta de los políticos y la anterior generación. El punk era, además, el contrapunto perfecto al hippismo de los años sesenta.

Del querer cambiar el mundo con el amor y la unión bajo el brazo, a saber que nada iba a cambiar y la lucha contra el Estado y los poderes fácticos debía ser diferente. Ese era público ante el que actuaba Sex Pistols de manera habitual. Y en Manchester las estrellas se juntaron. Además de manera literal. Porque resultó que entre esas cuarenta personas allí presentes estaban los que marcarían los sonidos y movimientos de los ochenta y años posteriores.

El film de culto musical 24 Hour Party People de Michael Winterbottom abre su metraje con el concierto y recuerda a algunos de los que allí estaban -con ciertas licencias-. Hoy es complicado saber con seguridad los nombres de los que vieron aquel primer concierto, porque tal fue su importancia que todos aseguraban haber estado ahí. Cientos. Miles. Las cifras no cuadran, pero algunos de los que sí estuvieron fueron Peter Hook y Bernard Sumner. Hook saldría extasiado del concierto, tan inspirado que él y Sumner irían al día siguiente a comprar unos instrumentos, sintiéndose ya músicos punk, formando Joy Division primero -Ian Curtis uniéndose poco después- y New Order posteriormente.

Un tal Morrisey también estuvo en el Lesser Free Trade Hall, y aunque la música no le terminó de gustar, vio algo también inspirador y llamativo en ese grupo que había sobre el escenario. Aunque The Smiths aún tardarían unos años en formarse, la semilla estaba plantada. Mick Hucknall de Simply Red también pudo ser uno de los presentes, así como Tony Wilson, presentador televisivo y mecenas musical, que inspirado por esa actitud renovadora e independiente vendría a formar Factory Records, discográfica clave en el nacimiento e historia del Indie y la música británica, y The Haçienda, el club casa del acid house y la cultura de club que nació a mediados de los ochenta.

El setlist parece hasta olvidado, pero hoy lo podemos repasar a fondo. Mezclaron creaciones propias con hasta seis versiones en una lista de trece temas. Clásicos de los sesenta en su mayoría, como (I’m Not Your) Steppin’ Stone de Paul Revere and The Raiders, Substitute de The Who o No Fun de The Stooges. Destaca la versión que hacen del Watcha Gonna Do About It de The Small Faces, tirando de irreverencia y punk al cambiar love por hate –‘I want you to know that I hate you baby’-. Y aunque clásicos como God Save the Queen o Anarchy in the UK no estaban presentes, sí lo estaban otros como Pretty Vacant, Seventeen, No Feelings o New York.

Los que no estuvieron en ese primer concierto, acudieron sin dudarlo al segundo, seis semanas después, en un mismo recinto esta vez abarrotado. Todos tenían constancia de lo que había ocurrido en aquella noche del 4 de junio y no querían perdérselo esta vez. Entre ellos Ian Curtis. Pero fue la primera cita la que marcó un antes y un después en el punk, post punk y lo que después vendría a conocerse como Indie. Existe la firme creencia entre aquellos que vivieron aquella explosión y el nacimiento del Indie de que la música hubiera seguido un camino distinto de no haber tenido aquel concierto.

Y es que bajo el paragüas del punk, de Joy Division o de Factory Records y The Haçienda nacieron muchas bandas hoy claves en el panorama británico. Hay quienes dudan de que grupos como Happy Mondays, The Stone Roses o todo el sonido Madchester hubieran nacido. Los hay que lo estiran a Oasis o Arctic Monkeys, entre otros. O el Indie en general. Fue aquella actitud de haz lo que quieras la que animó a muchos otros a creer que podían ser estrellas de rock. El concierto no fue el mejor de la historia. Pero sí uno clave. Y es que si los Sex Pistols podían, ¿por qué otros no?

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