El Invierno ha llegado a Juego de Tronos

Juego de Tronos ha quedado visto para sentencia. Su séptima y penúltima temporada ha pasado ante nuestros ojos como un visto y no visto. Siete capítulos que nos han sabido a poco, pero que nos han dado horas y horas de discusiones. Cuando se acerca a su final, Game of Thrones ha creado más polémica que nunca. Lo que sí sacamos en claro es que la intriga ha quedado atrás y la acción se ha convertido en la principal protagonista de una serie que ve cerca su final. A pesar de que aún habrá que esperar dos años para verlo, ya solo nos restan seis capítulos para descubrir como termina todo. Demasiado tiempo, el ansia nos va a devorar por dentro. [Spoilers…]

Las cartas están todas sobre la mesa y, en su mayoría, descubiertas. La séptima temporada de Juego de Tronos nos ha servido para situar alianzas y objetivos finales de cada personaje de una manera más definida si cabe. Aunque pocas dudas podían quedar tras lo desarrollado en las seis entregas anteriores. En Westeros tenemos la tan deseada alianza entre Daenerys y Jon Snow, frente a unos Lannister que apenas parecen contar con Euron Greyjoy y el oro del banco de Braavos. El problema es que al norte el Rey de la Noche ha decidido entrar sin llamar a la puerta. Derribándola. El invierno ha llegado… ¿para quedarse?

Lo que ocurría Más Allá del Muro fue poco a poco, temporada a temporada, ganando importancia, y en esta séptima entrega nos ha dado algunos de los mejores momentos. Como lo fue sin duda el Escuadrón Suicida y la aparición de ‘Dany’ para salvarles, o la enésima demostración de heroicidad de un Jon Nieve que pasa de convencionalismos. Al fin y al cabo cuenta con créditos de sobra para seguir jugando la partida. O ese momento en el que, tras matar a Viserion, los Caminantes Blancos y su ejército se pasan a los Herri Kirolak vascos y sacan al dragón de las profundidades del agua helada. ¡Aupa!

Mientras tanto en Westeros disfrutamos como enanos viendo a Lady Olenna confesando el asesinato de Joffrey, demostrando quién mandaba en King’s Landing. Así es el Juego de Tronos. Nos regodeamos con la batalla del cuarto episodio de la temporada, cuando Daenerys decide dar un golpe de efecto atacando al ejército Lannister, viendo así una de las batallas más espectaculares de la serie. Al fin hay dinero y se nota. Juego de Tronos ha ganado en espectáculo, en acción y en entretenimiento puro y duro, dejando a un lado otros aspectos que enriquecían el producto. Una evolución natural vistos los acontecimientos que se han ido sucediendo.

Juego de Tronos

La séptima temporada ha sido también la de la celebración del Girl Power. Cersei y Daenerys son las que cortan el bacalao y toman las decisiones, con Jaime por un lado, y Jon, Tyrion y compañía por otro como secundarios. Ambas han dejado bastante claro escuchan las opiniones de los demás, pero que las decisiones corren de su cuenta. Disfrutamos también con esa reunión en Dragonstone, donde Daenerys, Ellaria, Lady Olenna y Yara llevaban la voz cantante. Y aunque tres de ellas hayan caído en desgracia, ese momento se convirtió en uno de los mejores de la temporada. Como también lo fue el momento en el que Sansa y Arya, sin esperarlo, juegan con MeñiqueLittlefinger– empleando sus mismos trucos. El jugador engañado. Un personaje que parecía contar con los odios de la gran mayoría de unos seguidores que han disfrutado y celebrado su muerte.

A pesar de todo lo anterior, la séptima temporada de Juego de Tronos ha recibido críticas. Numerosas. En su mayoría por licencias narrativas, pero también por la velocidad a la que ocurre todo. No es de extrañar, acostumbrados al ritmo pausado, a esa cocina de fuego lento que ha sido durante años la serie, ver cómo todo sucede sin casi opción de saborear o reflexionar sobre lo ocurrido, resulta novedoso. Para valorar esto toca tener presente un hecho objetivo: Juego de Tronos se acaba. No hay tiempo para más, quedaban trece capítulos en junio y tocaba meter una marcha más para intentar cerrar todo con coherencia.

De ahí las elipsis en la narración. O los viajes a la velocidad de la luz, donde los cuervos han sido cuestión de problema mundial, analizando distancia y tiempo cubierto e intentando descubrir si su velocidad era una posibilidad real. A veces se nos olvida que estamos viendo una serie, una, además, donde hay dragones, un héroe que renace y otros muertos que se convierten en un ejército a temer. Un mundo de fantasía, al fin y al cabo, donde aceptamos todo tipo de cuestiones en pos del relato, pero no que un cuervo vaya más rápido de lo debido. Qué decir de Gendry, ya conocido en redes sociales como el recordman olímpico y mundial de maratón. Licencias narrativas necesarias. Los tiempos en los que los viajes nos servían para conocer a los personajes y sus motivaciones han quedado atrás, ahora la acción y la historia llevan a otro ritmo. ¿Qué aportaría a la historia la muestra del viaje de Gendry, o que un cuervo tarde más en llegar? Nada.

La octava entrega se hará de rogar, ya que Juego de Tronos no volverá hasta 2019, quizá finales de 2018. Una espera que se hará larga, muy larga, para unos seguidores que han convertido Game of Thrones en un fenómeno social. Porque la serie de HBO no es una de esas que se instalará en el Olimpo de los mejores productos de ficción televisiva, pero sí quedará como una de esas series importantes por el ruido que generó a su alrededor. Como Lost en su día, ha trascendido la pequeña pantalla y convertirse en otra cosa, en algo más grande. Apenas quedan seis capítulos por delante, seis nada más y Juego de Tronos dirá adiós. La espera será un poco más llevadera recordando que por fin ha muerto Littlefinger. Gracias.

Juego de Tronos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *