Chuck Berry que estás en los cielos

Chuck BerrySolo tuvo un número uno en las listas de éxito, pero sin él el rock and roll hubiera sido muy diferente. Chuck Berry fue uno de los pioneros del rock, uno de sus padres. O su padre, directamente. Supo conjugar lo mejor de varios estilos y entender lo que quería la juventud del momento. Además, tuvo claro desde el principio que eso del rock and roll viviría tanto de la música como de la imagen. Casi todas las leyendas del rock le citan como una de sus principales referencias. Todo eso es el legado que nos deja Chuck Berry, que ha dicho adiós para siempre, el mismo año en el que iba a sacar un nuevo disco de estudio casi cuatro décadas después.

Chuck Berry formó parte de ese grupo de pioneros que instauró las señas de identidad del incipiente rock and roll. Para llegar allí tuvo que hacer un largo trabajo. Contemporáneos como Eddie Cochran, Elvis Presley, Little Richard, Buddy Holly o Gene Vincent apenas superaban los veinte años de edad a mediados de los 50. Chuck Berry coqueteaba ya con la treintena. Había recorrido todo tipo de antros con su guitarra al lado. Se había curtido ante muy diversas audiencias. En aquellos tiempos en los que aspiraba a convertirse en una estrella, Berry gustaba del riesgo. Buscaba experimentar ante su público. Quizá por eso era capaz de hacer música negra ante una audiencia blanca, o country ante negros. En aquella época que un artista afroamericano ejecutase country parecía una provocación.

Gracias a eso consiguió pulir su sonido. En 1955 acudió a Chicago para grabar en Chess Records. Leonard Chess, fundador de la discográfica, quería ir más allá del rythm and blues. Miró al futuro con diferentes ojos a los del resto de su competencia. Con los mismos ojos que usaban las jóvenes y futuras estrellas. Berry acudió con su set de blues habitual, pero fue Ida Red, una canción country, lo que cautivó a Chess. Fue adaptada y regrabada bajó el nombre de Maybellene, alcanzó el número cinco en las listas y el resto es historia. No fue la primera canción de rock and roll, donde muchos señalan Rocket 88 (1951), como pionera. Ni la primera en tener éxito, Bill Haley se le había adelantado con Rock Around the Clock (1954). Pero algo tenían Maybellene y y Chuck Berry, algo nuevo, fresco e innovador.

Había algo sexual en sus canciones y actuaciones. Berry entendió la fórmula como nadie. Debía ofrecer canciones excitantes para los adolescentes y jóvenes del momento, negros y blancos. Algo así como una llamada a la acción. A diferencia de los artistas más famosos del momento, escribía sus propias canciones. Y las hacía sobre los temas esenciales para la juventud del momento. Crónicas adolescentes. Irse de fiesta. Coches. Chicas. Y estableció así las normas más básicas del rock and roll.

Chuck Berry vivió su época dorada a finales de los 50. De aquellos años son sus principales éxitos. A Maybellene se le suman Too Much Monkey Business, Back in the USA, Memphis Tennessee, School Day, You Can’t Catch Me o sus grandes clásicos: Roll Over Beethoven, Rock and Roll MusicJohnny B. Goode y Sweet Little Sixteen. Canciones que no solo definieron un estilo de música y un sonido. También son canciones que marcaron el ritmo de un Estados Unidos en plena efervescencia. Irónicamente su único número uno fue una versión que hizo del novelty song My Ding-a-Ling en 1972, de clara connotación sexual.

Sin su influencia aquellos albores del rock hubieran sido muy diferentes. Los más grandes le nombran. Keith Richards, Bruce Springsteen, John Lennon. El de Liverpool llegó a afirmar que si hubiera que renombrar el rock and roll, habría que llamarlo Chuck Berry. Y mayor homenaje que ese, de parte de otra estrella, parece difícil que haya. Otro de los grandes homenajes que pueden hacerle es el hecho de ser uno de los artistas más versionados.

Berry hizo de la guitarra eléctrica elemento fundamental en la cultura musical del siglo XX. Y es que la cultura popular no se entendería al cien por cien sin la colaboración del ‘primo’ Chuck. Dos clásicos del cine visten dos de sus más icónicas escenas con canciones del de Saint Louis. Por un lado Marty McFly se convierte en cofundador del rock and roll cuando toca Johnny B. Goode en el baile del instituto de Regreso al Futuro. Por otro, Uma Thurman y John Travolta hacen uno de los bailes más recordados del cine al ritmo de You Never Can Tell.

Que el cine le haya empleado como un vehículo importante en algunas de sus más recordadas escenas casa a la perfección con un artista que veía más allá de la canción. Berry siempre impregnó a sus actuaciones de elementos visuales que llamaban a la reacción del público. Sus conversaciones con este son recordadas, tanto como su apertura de piernas mientras ejecuta algún solo marca de la casa. Y para marca de la casa el Duck Walk, ese Paso de Pato que otros como Angus Young decidieron imitar en claro homenaje a una de sus más grandes influencias.

Sin embargo Chuck Berry tenía su lado oscuro. Criado en un barrio segregado, vivió toda la dureza del sur de Estados Unidos. Eso forjó un carácter duro y hosco. Acabó entre rejas en varias ocasiones. La primera sería al pasar por un reformatorio en 1944, cuando robó en tres tiendas y asaltó un coche a punta de pistola. En diciembre de 1959 su éxito se vio frenado de manera abrupta cuando fue acusado de querer prostituir a una menor de 14 años. Pasaría un año y medio en la cárcel, entre 1962 y 1963. Su caída a los infiernos se vio amortiguada por la Invasión Británica. Grupos como The Beatles, The Kinks o The Rolling Stones ensalzaban su figura y le versionaban, lo que devolvió a la fama a Berry. Años que aprovecharía para lanzar No Particular Place to Go, Nadine o la misma You Never Can Tell.

Con el tiempo se destapó como una persona muy cuidadosa con su dinero. Decidió cobrar en metálico sus conciertos, lo que le llevó a ser juzgado por evasión de impuestos en 1979. Pronto se dio cuenta de que el público quería verle a él y le importaba menos la banda que le acompañaba. Esto hizo que decidiera no acudir a las giras con una banda de soporte permanente, algo que reducía la calidad de los conciertos. Bandas que además debían contratar y preparar los promotores.

Keith Richards es el encargado de relatar la anécdota más conocida sobre el complicado carácter de la estrella americana. Corría el año 1987 y Richards decidió homenajear los sesenta años de su ídolo con una película-concierto documental –Hail! Hail! Rock and Roll-. Al genio de los Stones se le ocurrió tocar un poco una de las preciadas guitarras de Chuck Berry, con la mala suerte de que este le pilló in fraganti y decidió arreglarlo a su manera. Un seco puñetazo y problema solucionado. Richards no volvería a acercarse a ninguna de sus guitarras. Tuvo problemas con mujeres, y hasta hay grabaciones suyas teniendo relaciones sexuales. La indiferencia no entraba en su vocabulario.

Nunca faltaba un buen coche para conducirlo él mismo entre sus exigencias para dar un concierto. Como inevitables eran cada cierto tiempo sus espantadas. Así era Chuck Berry. El genio que ayudó a crear el rock and roll. El hombre que puso a la guitarra en los altares. El músico que ayudó a definir el siglo XX. Parecía inmortal pero no. Por suerte su música siempre lo será. Larga vida a Chuck Berry.

“Just let me hear some of that rock and roll music
Any old way you choose it
It’s got a backbeat, you can’t lose it
Any old time you use it
It’s gotta be rock roll music
If you wanna dance with me”
Rock and Roll Music, Chuck Berry, 1959.

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