La realidad alternativa de Donald Trump

Lo de Donald Trump y Estados Unidos pareció durante meses una broma de mal gusto. De comedia mala de Hollywood. Pero no. Y no contento con esa broma, Trump parece está dispuesto a convertirse en la peor de las caricaturas de un presidente de gobierno. Si alguno pensaba que rebajaría el tono una vez conseguida la presidencia, se equivocaba. Donald Trump es Donald Trump. No hay dos caras. Trump es machista, racista, misógino, demagogo, populista, faltón… La lista de adjetivos podría ser interminable. Y no es solo su manera de ser. Lo peor es que aún quedan cuatro largos años de Trump como líder occidental.

Donald Trump no entiende de grises. Solo de blancos y oscuros. En política y en los negocios esto significa que en su mundo, o se está con él o contra él. No hay otra postura posible. Y estar con él implica estar al 100%. Sin fisuras. Estar en su contra implica ser su enemigo. Ni más ni menos. Sin medias tintas. Y ya tiene unos cuantos. Como la CIA, a la que ha atacado en varias ocasiones desde el comienzo de su mando. Incluso varios estados norteamericanos parecen estar en las antípodas de su presidente.

Pero sí Donald Trump se ha creado un enemigo por encima de cualquier otro ese es el cuarto poder. Los medios de comunicación. Trump les ha declarado una guerra abierta, no de manera directa, pero sí con sus palabras. Los acusa de mentir, de usas medias verdades o directamente mentiras. Ha atacado con especial saña a The New York Times, pero también a otros como NBC, ABC, CBS y CNN. Incluso un medio completamente afín como la Fox ha recibido furibundos ataques del deslenguado y populista presidente estadounidense.

Si en campaña electoral Trump y su equipo demostraron que no iban a ponérselo sencillo a la prensa, en cuanto fue investido como presidente quedó confirmado que la tónica sería similar -sino peor- de ahí en adelante. En la investidura el espacio dedicado al público mostraba huecos importantes. Si las primeras investiduras de Barack Obama o Ronald Reagan fueron multitudinarias, es justo decir que Donald Trump no fue capaz de movilizar a los suyos. Las imágenes hablan por si solas. Aún así Trump y su equipo se afanaban en afirmar que su discurso de inicio de mandato fue el más seguido de la historia, tanto vía televisión y online como in situ. Queda claro que aquí mienten.

Esta mentira no les frenó. Aseguraron que ellos manejaban otros datos, aún a pesar de que las fotografías les dejaban en evidencia. Se inventaron un nuevo término: los ‘hechos alternativos’. Que básicamente viene a significar que ellos utilizan los datos como les apetece. O que sencillamente se los inventan con tal de crearse una realidad que les satisfaga. Los medios de comunicación alucinaban y hacían mofa con la respuesta dada. Al mismo tiempo una parte del mundo no tragaba con semejante patraña. El problema es que en Estados Unidos sí hay una amplia masa que sigue fielmente la opinión de su presidente -especialmente si es de su cuerda-.

¿Qué supone esto? Un desastre y una desgracia para la confianza del electorado en los medios de comunicación. Si un presidente de los Estados Unidos decide inventar, insultar y manipular a su antojo los hechos, el daño que puede hacerse a los medios es enorme. Porque la imagen de estos quedará dañada para todas esas personas hastiadas con la deriva en dichos medios. Sí, los periodistas también tenemos parte de culpa en esto. Y es que Donald Trump ha sabido ver una oportunidad magnífica para atacar a un gremio en crisis. La credibilidad de muchos canales, periódicos o emisoras de radio está en entredicho. No son pocos los ciudadanos, en España o Estados Unidos, que sienten que los medios han vendido su imparcialidad a los intereses de la agenda de unos pocos.

Al fin y al cabo los periodistas tienen la posibilidad de convertirse en generadores de opinión. En Estados Unidos, hoy, se han encontrado con un enemigo feroz dispuesto a emplear sus mismas armas. Uno que no piensa arredrarse ante nadie. ¿Cuál es el papel del periodismo en esta situación? El de lucha. Los medios, en este caso americanos, no pueden más que seguir empleando la verdad para defenderse ante el ahora hombre más poderoso del mundo. ¿Qué problema hay? Que los intereses económicos y políticos van en muchas ocasiones en contra de esta necesidad.

Y es que no es posible dejar de lado que la prensa, radio, televisión y hoy Internet han perdido su papel como defensores de la gente. Creer que siempre lo fueron es ser demasiado iluso. Incluso quizá que alguna vez lo fueron. El problema para los medios es que hoy viven en una situación de crisis de identidad total, perdidos además en un momento de cambio que no saben como afrontar. Que Donald Trump esté echándole al público encima, a sus lectores, espectadores y oyentes, a sus propios destinatarios finales, es solo un síntoma más de los difíciles tiempos que corren.

La gran duda que resta para los próximos cuatro años es hacia dónde nos llevará la deriva populista y demagoga de Trump. Parece vivir en una realidad alternativa, la de ese matón de instituto que no acepta que nadie le frene. Por tanto debemos temer por todo lo que se puede llevar por delante. Sus aires dictatoriales casan mal con el futuro, pero bien por desgracia en unos tiempos en los que los ultranacionalismos resurgen. Podemos temer, por tanto, a la posibilidad de retroceder en el tiempo en cuestiones sociales. Y ahí, le guste a Donald Trump y sus acólitos o no, debe aparecer el periodismo combativo para ayudar a impedirlo.

(Escucha el Podcast de Cuñadismos sobre Donald Trump y las elecciones americanas):

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