Repasando el (gran) cine de Christopher Nolan

Christopher Nolan es el director del momento y ahora nos trae Dunkerque. Nadie duda de su talento. Nolan es alguien que ha conseguido un imposible: que la crítica le ame y además, tener éxito ante el gran público de manera constante. Con un aura de genio comercial desde que le diera una vuelta de tuerca a la saga de Batman, todo lo que toca lo convierte en oro. Y además no dirige cualquier cosa. Quizá por eso ha grabado una película bélica. El reto es mayúsculo y las primeras críticas ya nos avisan de que sale muy bien parado.

Aunque había dirigido Following en 1998, Nolan salta a la fama con Memento (2000), su segundo film. Una joya de película en la que el británico establecería dos de las señas de identidad que ha tenido su cine. Por un lado, el uso de una estructura narrativa no lineal. Algo que veríamos en otras como Origen e Interstellar, y ahora en Dunkerque. En el caso de Memento hablamos de un complejo y excelente trabajo de guión llevado a cabo de manera magistral, que dejaría al público con la boca abierta intentando entender lo que le contaban. Precisamente en ese guión trabajó codo con codo con su hermano Jonathan -Memento es un relato escrito su hermano-, una unión que se ha extendido a lo largo de su carrera -la trilogía Batman e Interstellar- y que le daría buenos réditos.

Tras las buenas críticas recibidas por Memento, su carrera se presentaba ante el gran dilema que muchos buenos directores han sufrido: ¿cómo continuarla sin que decaiga el nivel? Director especial y diferente, se decidió por el remake de una película noruega grabada cinco años antes: Insomnio (2002). No se limitó a hacer un remake normal, sino que le dio una vuelta, le añadió contenido y, sencillamente, la hizo suya. En ella ya dispondría de actorazos como Al Pacino, Robin Williams o Hilary Swank. Era el chico de moda y todos querían trabajar con él. Quizá la película menos referenciada -junto a Following- de su filmografía, Nolan nos ofrece un brillante thriller en el que profundiza sobre sentimientos como el remordimiento o la soledad.

Tardaría tres años en estrenar su siguiente film, pero con él dio el salto a las grandes ligas: Batman Begins (2005). Una saga en problemas, sobre el alambre desde el sinsentido de Joel Schumacher, y de la que pocos esperaban algo llamativo. La situación parecía perfecta para un Christopher Nolan que no es un tipo normal. Arriesgó y salió ganando. Y lo hizo de una manera que de rápido que se lee, suena simple. Reinventó el cine de superhéroes. Dándole alma, dotándole de una oscuridad y presencia que va más allá de la lucha del héroe contra el villano. Muchos han querido seguir esa estela. Con El Caballero Oscuro (2008) subió el nivel y realizó la que es, quizá, la mejor película de superhéroes hasta la fecha. Remató la trilogía con La Leyenda Renace (2012) y demostró que se pueden hacer blockbusters que vayan más allá del puro entretenimiento.

Origen

Entre Batman Begins y El Caballero estrenó El Truco Final (2006), una película marca de la casa, y quizá la gran damnificada junto a Memento ante el resto de su excelsa filmografía. Damnificada porque es una gran película que parece haber quedado en un segundo escalón. Un guión de giros imposibles, pero en el que vamos recibiendo pistas durante toda su trama. Una película en la que Nolan da un consejo en su arranque: véanla como si de un truco de magia se tratase. Así será más fácil disfrutar de una película en ocasiones olvidada. Y no será por sus grandes protagonistas: Christian Bale y Hugh Jackman dan vida a dos personajes peculiares, crueles. Con ellos Michael Caine, Rebecca Hall, Scarlett Johansson y hasta David Bowie.

Antes de terminar con su personal Batman, Nolan se permitió el lujo de grabar una de sus mejores películas: Origen (2010). Un proyecto personal, en el que tenía completa carta blanca para hacer lo que quisiera, y que fácilmente podía haber supuesto un error en su carrera, como a tantos les ha sucedido. Sin embargo supuso el gran paso adelante. En Origen, Christopher Nolan da motivos para ser considerado uno de los mejores directores de cine del siglo -volveremos a esto más tarde-. Ciencia ficción pura, jugando con la idea de implantar ideas en el cerebro de alguien. De nuevo con giros por doquier, una estructura narrativa no lineal, grandes actores… Nada podía salir mal. Con todo a su favor, Nolan se llevó al público a su terreno. Y lo hizo realizando un film personal pero extendido al gran público.

Esa es otra de las grandes señas de identidad del británico: ser capaz de mezclar con éxito el cine de autor y el comercial. Su cine llega a todo el mundo, casi como si de un simple entretenimiento se tratase, pero sus películas tienen algo más en su interior. Le da un aire casi filosófico a sus películas. Intenta trascender, ir más allá del puro entretenimiento. Y a buena fe que lo consigue. Tanto que hay quien se plantea si se ha vendido y que esa mezcla de entretenimiento y cine más profundo no sea una simple careta para salvar su imagen. Para estos, Christopher Nolan es un mago, un prestidigitador como lo eran sus protagonistas en El Truco Final.

Su cine, por comercial que pueda ser, no puede ser calificado como simple. Tampoco como pretencioso. Sabe donde poner los límites en ambos lados. Algo que seguiría demostrando en Interstellar (2014). La ambición de Nolan no tiene límites y aquí quiso ir más lejos. Ciencia ficción, el espacio… y la mayor exactitud científica posible. Hablando de viajes en el espacio, agujeros de gusano y demás, no es algo sencillo. Pero la historia de Interstellar suena creíble, a la par que complicada por momentos. De nuevo esa dicotomía entre cine comercial y de autor. La expectación para esta película estaba ya por las nubes. De Nolan no se aceptan fracasos, tal y como ocurre ahora con Dunkerque. Si alguien parecía capaz de firmar una historia como Interstellar, ese debía ser el británico. Y con él estaba el actor del momento, Matthew McConaughey. Y aunque Nolan realiza una película más relajada de lo habitual en su ritmo, nos mantiene en tensión en todo momento. Sin llegar al nivel de clásicos como el 2001 de Kubrick -de quien bebe-, ofrece un gran producto.

Tres años después le llega el turno a Dunkerque. Una película bélica complicada, porque lo que ocurrió en la Operación Dynamo no tenía tanto que ver con lo militar y sí con la supervivencia personal. Christopher Nolan se ha situado ya como el gran director del inicio del siglo XXI, gracias a una de las filmografías más interesantes que pueden disfrutarse en la actualidad. Habrá quien ante esta afirmación lance un grito. Siéntanse libres de opinar en nuestros comentarios. Para este quien escribe, la situación es la que es. Sí, David Fincher -entre otros- está a su nivel, pero este realizó dos de sus mejores películas en los noventa –Seven (1995) y El Club de la Lucha (1999). Pongámoslo de otra manera. Pensemos en las últimas décadas del siglo XX. Si uno se pone a recitar grandes directores, los nombres no variarán mucho de los Martin Scorsese, Francis Ford Coppola o Steven Spielberg. Otros nombraran a David Lynch, a Quentin Tarantino. Ese es el nivel de Christopher Nolan, por encima de unos, por debajo de otros, pero siempre hablándoles de tú a tú a esos iconos del cine más contemporáneo. Y todo por méritos propios. Que siga haciendo cine y nosotros disfrutándolo.

Christopher Nolan

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2 thoughts on “Repasando el (gran) cine de Christopher Nolan”

  1. Olatz says:

    Me encantan todas las películas, pero he de decir que estoy enamorada de ‘El truco final’. ¿Cuando sale la nueva película?

    1. Ander Restoy says:

      La tienes ya en cartelera Olatz. Te recomendamos encarecidamente que la veas… ¡y leas nuestra crítica!

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